mis abuelas
a una cada d’ia me parezco m’as, a la otra cada d’ia la entiendo menos. que nescedad esta de vivir, de ella aprend’i a no tenerle miedo a mi muerte, ella cree en un cielo que para mi no tiene ning’un sentido, pero esa paz en su forma de ver la muerta es admirable y creo que algo le he aprendido. no entiendo porque se aferra tanto, no entiendo que le falta por hacer, que deuda tiene, en un descuido solo sentir el sol en la piel una vez m[as pudiera ser su pendiente.
en este insomio de mis abuelas salt[e a pensar en que me gustar’ia que me cremaran, y ser[ia de humor finisimo terminar en el cenicero de un hotel (estos grandes ceniceros a los que cuidadosamente les marcan el logo todas las ma;anas) claro que esto solo tend’ia sentido si finalmente me animara y entrara al negocio de la hoteler’ia. terminar en algo ‘util en el lugar al que pertenezco. honestamente no creo entrar al negocio de hoteleria as[i pues creo que algo m’as cl’asico ser’ia la opci’on, al pie de un ahuehuete (aja, que nadie diga que no soy pretenciosa, bueno pues una jacaranda…. ok una bugambilia, hasta un helecho, ok ok cualquier planta que tenga una vida de m’as de 10 a;os… el ahuehuete, el ahuehuete se las lleva a todas) nada de ser parte del viento o de la lluvia ‘acida. o el otro cl’asico, el mar, que si bien es uno, mi coraz’on es del pac’ifico, de ese azul oscuro penetrante que solo el pac’ifico sabe vestir. en ese orden cenicero, ahuehuete, pac’ifico.
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