ahí estaba ella con sus muletas, lo miro a los ojos dulcemente y dijo: qué quieres. la pregunta no era nueva, en está ocasión ella no pretendía comprar su alma a cambio de algún capricho, ahora ella le preguntaba por curiosa, le preguntaba para saber si cabría caminar juntos de la mano.
el trató de responder algo honesto, coherente e inteligente. no terminaba de entender la pregunta, las palabras no surgían de la boca, era como si se hubiera quedado mudo. cerró los ojos para tratar de concentrarse, quería contestar. finalmente una idea aparecía.
cuando abrió los ojos ella no estaba, se había ido como llegó, con la pierna y el corazón rotos.
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