pedir un deseo
cada vez que tengo que pedir un deseo la angustia me invade, tanto que en muchas ocasiones no pido nada. así es desde que era niña. por un lado existe en mi la superstición, todo el problema es que se me cumpla; y por el otro suelo aterrizar en la historia del rey midas y su deseo de no poder beber agua. así las cosas procuro desear cosas sencillas, y no es raro que las acote.
anoche hacia la reflección un poco más allá; mi mamá, y también mi papá, me enseñaron que tenía la capacidad de hacer cualquier cosa que me propusiera con seriedad. cualquier cosa, sí así: cualquiera. está enseñanza me ha llenado de fuerza y romanticismo, y por supuesto también de arrogancia. el punto es que me propongo, y cuanto estoy dispuesta a invertir.
pedir un deseo y definir un objetivo, son un punto muy débil en mí. a veces quisiera no tener que hacerlo.
m