Oaxaca
22:22 hrs, 4444 km, mis vacaciones fugaces habían terminado, bienvenida a casa.
Es la primera vez que visito Oaxaca, la ciudad. Llevaba muchos intentos frustados, a veces por otros planes también encantadores -varias llegué a la playa- otras por ausencia de compañía. Viajar sola no me gusta, y pensé que no era tan improbable llegar a Oaxaca bien acompañada.
Oaxaca cumplió con todas mis espectativas y todavía logró sorprenderme, guau. Lo esperado, que rico comí. A pesar de que varios edificios estaban tapiados y cubiertos por esas mallas verdes, los edificios coloniales y el trazo mismo de la cuidad no me desepcionó en lo más mínimo, Oaxaca es una ciudad bonita.
Los jardines de Santo Domingo resultaron ser
posmo, bastante bien logrados, a ver si la estética aguanta 10-20 años.
Impresionante el mercado. Entró al mercado como se debe, por la puerta principal, un mercado grande, un mercado alto, mucha información visual, mil colores, mil formas, todo lleno hasta el techo. Normal pues, un mercado bonito de México, pero siento que estoy soñando, el tiempo no pasa, sigo observando y hay algo fuera de lugar. Me empiezo a poner impaciente, la adrenalina circula, qué pasa, agudizo los sentidos, por fin escucho algo
"tlayudas, duras o blandas" "¿quiere chapulines güerita?". Ese mercado no suena, no hay barullo, en Oaxaca la gente habla muy quedito, y no hace ruido, además justo la entrada está llena de tapetes colgados que amortiguan el poco ruido que hay. Por todo lo demás, un mercado como muchos otros, realmente bonito y digno de recorrer.
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