Complicidad de tres, el camino, ella y yo.
Se asomó entre los árboles con gran desplante y sin temor alguno. Me sonrió, definitivamente me sonrió, y tuvo que ser a mí pues no había nadie más. Quedamos viéndonos un rato. Grande como es ella, iluminó mi rostro y la ciudad que tenía a mis pies.
Ah como me gusta ese camino, y más con ella.
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